sábado, 27 de junio de 2026

El reencuentro: Una funcion nueva en Instagram



Ese mismo año en el que nos vimos. No negare que si recorde tiempo después tu silueta. Incluso pensé en escribirte para preguntarte por alguien. Sin embargo tuve mis dudas si realmente habías hecho tu vida en ecuador con tu padre; entonces no tenía sentido preguntar por alguien que no está a tu alrededor. 

No recuerdo exactamente en que año recibí tu solicitud de seguimiento de instagram,  sospecho fue 2023, sin embargo no te reconocí, me pareciste linda pero tu H en tu nombre confundió y desoriento por completo mi memoria. 

Ya habían transcurrido 6 años desde nuestro primer encuentro, un tiempo considerable, yo soltero scrolleando reels de instagram aparecio el meme que nos une de nuevo.

Era un meme a la apología de chica de pequeña estatura, sin duda enseguida 

lunes, 22 de junio de 2026

El dia que te conocí : Demasiado hermosa, demasiado prohibida

Realmente no estoy seguro si algún día llegarás a leer esto y tampoco con animos de reconquistarte si lo ves, realmente lo hago porque siento que esto merece ser escrito porque lo que vivi contigo es relevante y merece ser compartido, nuestra historia comenzó asi:

Una madrugada de julio de 2019 en Caucasia , estaba tocando a la puerta de la residencia un señor de tantos que hacen transporte en moto. El motorizado llamaba a la puerta del lugar donde me estaba quedando en Caucasia. En ese entonces, yo era un migrante recién llegado, con apenas dos meses y medio de haber arribado a Colombia; estaba físicamente algo agotado, pero contento de, al menos, estar trabajando.

​Recuerdo claramente la llamada de don Carlos, quien me dijo: «Edgar, necesito un favor urgentemente. Sé que apenas has vuelto de Medellín, pero requiero que vayas nuevamente a Bello. El cliente tiene un problema y necesitamos brindarle ayuda para no perderlo. Mañana temprano saldrás de vuelta; ya coordiné y un señor te va a venir a buscar a las 4:00 a. m. Por favor, ayúdame». ¿Y cómo negarme? Sin ninguna otra opción de trabajo, mi destino era volver otra vez a la capital de Antioquia.

​Y así fue, lo que no estaba consciente es que durante ese retorno iba a conocer a alguien que me desordenó la vida, mi eterno amor: “Ella”. El señor me llevó a la terminal de Caucasia y abordé un bus de Coonorte, de esos buses pequeños e incómodos, pero que salían cada hora.

​Y recuerdo que ahí estabas, a mitad del lado derecho del bus: una hermosa y callada mujer joven de ojos grandes y  marrones en forma de almendras que, simplemente, me congelaba el tiempo cada vez que ellos me miraban.

​Al principio tenía algo de pena de hablarte, pero fuiste tú quien lo hizo. Me dijiste: «¿Eres rolo?». Sorprendido por tu valentía, yo procesaba que apenas hacía unos meses había aprendido esa palabra del dialecto colombiano que significa ser de Bogotá. Te dije: «No, no soy rolo; soy venezolano». Sin duda, tu mirada me deleitaba; sentía que mis ojos se iluminaban al verte. Demasiado hermosa, demasiado tierna. Pero, solo unas conversaciones después, me di cuenta de que también eras demasiado prohibida.

​En fin, me dijiste: «Vengo de Montería y voy a Quito a ver a mi padre, que está allá en Ecuador». Eso, sin duda, desvió mis ganas de conocerte, porque de inmediato imaginé que ya no ibas a estar en Colombia, aunque pensándolo mejor no estoy seguro si era Quito a donde ibas si embargo tú destino no me dejaba de sonar lejos.

Posteriormente me mencionas tu nombre:«me llamo Hania» con esa voz tímida pero con firmeza, como quien susurra un suspiro de verano en Siberia, dentro de mí dije «vaya que nombre tan particular; es único, pero a la vez llamativo». En ese momento obviamente no tenía ni idea que ese era el nombre de quien iba hacer olvidarme del mío y que siempre iba a llevar en mi recuerdo seis años después de ese encuentro viajero.

Después de tres horas de trayecto el bus hace la respectiva parada de descanso en llanos de cuiva un pueblo, puntualmente en uno de esos restaurantes de carretera en medio de la nada, donde el frío azota y es lo único que nos recuerda que debemos comer rápido. Ya eran como las ocho de la mañana y te convide diciendo : «pide lo que quieras, yo te invito», no sabía que realmente que estaba mostrándote mi lado más gentil o mi intrínseca generosidad que me caracteriza; al principio creo que dudaste de aceptarme la “brindada”, pero pediste algo de comer y tomar sin dejar de agradecerme con fervor el gesto. A través de los años puede admitir que tenías un don en sacar lo mejor de mí y el significado de algo transformador.
Una persona que iba a mostrarme mi interior emocional y espiritual.

Dentro de mí surgían dudas, preguntas como: «¿Que tiene esta chica a pesar de su sencillez me gusta tanto?». Al principio pensé que era porque te parecías a Hjosmaira una niña de liceo de Venezuela de mi época de bachillerato. Pero no, me dije «esta chica es distinta». Tiene algo indescriptible que no puedo plasmar en palabras, si Hania era: “Tu luz”, tu aura que derrochaba inocencia y sobre todo derretía mi escudo de defensa al amor como chocolatina al sol. Esos silencios tuyos, esa mirada era una combinación perfecta entre coquetería y misterio. 

Sin embargo cada kilómetro recorrido me recordaba que eras efímera como la apertura de una rosa al final de primavera, digo esto como si hubiese vivido clima estacional, pero nuestro viaje tenía caducidad. Recuerdo claramente que dijiste tener novio y esa fue digamos la otra inyección de realidad que me hacían aterrizar hacia la verdad de que eras prohibida. 

Entonces entre tantos pensamientos recordé el libro que estaba leyéndome de a ratos, lo saqué de mi mochila para mostrártelo pero por un motivo que aún desconozco algo en mi mente susurró: «DASELO». Ahí fue cuando extendí mi mano y puse el libro en la tuya diciendo; «toma te lo regalo, léelo en tu viaje a Ecuador». A todas estas mostré total desapego al libro, en ese momento no importaba repetía en mi mente: «no hay proeblema me compro otro, ella lo necesita más» y pensé que puede ser un recuerdo dulce de mi parte para que me ella me recuerde a lo largo de su viaje y ¿porque no por el resto de su vida?. 

Luego vino la prueba final que en ese momento solo íbamos a ser amigos. 

Te tome de la mano y entrelaze los  dedos de tu mano con los míos y apreté ligeramente buscando intimidad sntiendo la suavidad de tu palma y dedos como quien buscando conexión emocional, pero fue inutil. 

Recuerdo tu reacción te pusiste tensa y no estabas cómoda, dijiste: «se siente raro» y soltaste tu mano con una leve sacudida: Me rechazaste Hania y era de esperarse tenias tu pareja, esta noticia de estar con alguien fue el inicio el inicio y fin de lo nuestro que ahora me toca narrar. 

Tu reacción me hizo aterrizar en conocer tu indisponibilidad. Dije: «esta chica va migrar y tiene su pareja»  aquí no tengo espacio en esta historia, debo apartarme y así fue, confíe en la semilla del libro y la sabiduría del tiempo. 

No recuerdo nuestra despedida, creo que no fue relevante para mi. En teoria esto iba a terminar aqui, sin casualidades ni contacto posterior aparentemente ya todo habia terminado sin embargo, tu contacto quedo mal grabado en mi celular como Ania Caucasia, un contacto que usaré 6 años después

Continuará.... 

El reencuentro: Una funcion nueva en Instagram

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